CuentosAugust 16, 2015 0

El Tipo sin Huesos

¡Ah! Las delicias y ventajas de no tener huesos. Las discusiones acaban antes de empezar: los jefes y la policía siempre tienen la razón. Tómese una  guagua, por ejemplo: 40 grados centígrados, repleta de gente enojada, y aun así (cuando no se tiene ni una gota de calcio en todo el organismo) se está a gusto. La gorda de enfrente no es barricada, pues cualquier brecha es autopista. Los codazos y golpes no encuentran blanco. Y si se aburre uno de los roces, empujones y gritos coléricos, la solución es clara: chorrear hasta el suelo. Así, hecho una pasta viscosa, arrastrarse hasta la puerta entre pisotones y escupitajos. Para caer como vómito sobre el asfalto y seguir camino a pie.

CuentosAugust 16, 2015 0

Otnemem

– Estaban un hombre y una mujer sentados en la piscina del Hotel Riviera. Para impresionar a la chica, el hombre se trepa al ultimo piso del trampolín y salta. En el aire da tres vueltas y cae en perfecto clavado. ¡No levanta ni una gota de agua! El muchacho sale y se seca. Cuando acaba se sienta y le dice a la muchacha: “¿Viste ese salto? Yo era campeón olímpico de clavado”. La chica, para no ser menos, se tira a la piscina. Empieza a nadar a tremenda velocidad de punta a punta. Da una, cinco, diez… veinte vueltas sin parar. Cuando por fin sale, el chico le pregunta: “Pero bueno, ¿tú eras campeona olímpica también, no?” Ella sonríe y le contesta: “No, papi, yo era puta a domicilio en Venecia”.

CuentosAugust 16, 2015 0

Megacity Blues

Todo tiene precio y todo tiene dueño. Cuatrocientos millones de habitantes viviendo apiñados en la gran ciudad. Adonde quiera que mires hay gente, mucha gente. Pero todo tiene precio y todo tiene dueño. La ciudad ha crecido más allá de cualquier horizonte. No la hemos hecho nosotros, se ha construido a sí misma y nos ha encerrado en su interior. Y todo tiene precio y todo tiene dueño.

CuentosAugust 16, 2015 0

Las Hormigas

Un día como otro cualquiera estaba leyendo. Sentado en mi silla preferida; era yo la comodidad misma. El libro era uno de esos ladrillos que valdría la pena mandarlos a un egiptólogo: una obra de Kant, si no me falla la memoria; que nunca abandono la ciudad en que vivía para poder escribir difíciles tomos y que sin ver nunca los grandes museos escribió una obra cimera de estética. Nada, una de esas torturas impresas que los profesores (en su doctoral inocencia) mandan a leer a los estudiantes. Una inmovilidad mineral se apoderaba poco a poco de mis miembros. Los ojos patinaban, con el peor equilibrio, sobre los renglones…

CuentosAugust 16, 2015 0

El Hombre Invisible

Yo he re descubierto el secreto (perdido durante siglos) de la invisibilidad. No soy un médico de renombre; no soy un genio, ni un lunático en potencia; no soy, siquiera, un hombre especial. Soy, poco más o menos, como cualquier otra persona: pero me basta llegar a un centro comercial para que mi cuerpo se disuelva en el aire. Puedo mirar durante horas cualquier equipo de música, jugar con sus teclas y calibrar sus virtudes, sin que ningún dependiente note mi presencia. Todos saben, con solo mirarme, que en mi billetera sólo llevo mariposas disecadas. Camino como un fantasma por los corredores de las tiendas. Leo con paciencia las marcas y anuncios. Me pongo la ropa con toda naturalidad. Ningún probador se ha revelado nunca contra mi existencia. Me miro en el espejo: sí, me sientan las prendas caras. Discuto conmigo mismo sobre las ventajas o desventajas de tal producto, sin ser molestado, en lo absoluto, por los vendedores. A mi alrededor, el huracán de los consumidores desata su locura, y provoca estrés y rapiña y soledad… en otros; pues mi invisibilidad me protege de esos efectos. Cuántas veces he bendecido la habilidad de vagar por las bouttiques, sin ser objeto de miradas desdeñosas. Observo descaradamente a los agobiados y prósperos compradores, mientras ojean y examinan las alhajas. No puedo evitar sentir un poco de pena. Sus vidas me parecen un calvario de esfuerzos inútiles, para alcanzar la felicidad a través de la posesión.

CuentosAugust 16, 2015 0

Ron a las Piedras

Cuando llegó frente al edificio estaba ya bastante borracho. Ella vivía en el tercer piso. La luz que escapaba a través de las persianas de su cuarto, era atenuada por una tela de encaje. El chico no recordaba cortinas en aquella habitación y eso que más de una vez había pasado allí la noche. Ya no volvería a ocurrir; de esto, al menos, estaba seguro.
Destapó el “pepino” y se dio un trago como marea. Un temblor nervioso recorrió su cuerpo contrayendo sus músculos. Era un ron fuerte. Volvió a tapar el pomo y comprobó que apenas quedaban unos dedos de alcohol en el fondo. Entonces, una oleada de nauseas lo hizo tambalearse; esperó acuclillado a que el mareo desapareciera.

CuentosAugust 16, 2015 0

El Rapero

Cuando doblé la esquina me vi cercado. No sé de dónde salieron los cuatro asaltantes, pero debieron seguirme, pues la trampa se cerró de manera muy estudiada para ser casual. Cuando me percaté del peligro, ya estaba encerrado en un anillo y no había nada que hacer.
– Vamo´ a ver, blanquito. Dame el dinero.
– ¡Oye qué…! – Dos bofetones me sentaron de nalgas.

CuentosAugust 16, 2015 0

La Xenofobia del Pobre

Él estaba tan hambriento que apenas podía pensar. Sentía su cabeza atrapada en un tornillo de banco… y a su lado se sentó una mujer. Era joven, parecía asiática, ¿extranjera?, vestida de trópico y con espejuelos. Llevaba consigo una bolsa por cuya boca se asomaban tres flautas de pan. La chica le pareció muy saludable, pero cuando bajó la mirada hasta la jaba quedó hipnotizado. Era pan  recién horneado. La cascara crujiente y la masa suave como la gloria. El aroma capaz de atravesar un muro. Sintió un golpe en el pecho: el corazón trataba de quebrarle las costillas. Sus entrañas hacían contorsiones y lanzaban quejidos. Trató de contenerse. Estrechó la mochila contra el abdomen. Apretó la boca (a estas alturas inundada de saliva) hasta que le dolieron las muelas. Estaba tan contraído, que empezó a temblar compulsivamente de pies a cabeza; todo su cuerpo era una acrobacia. Entonces se decidió.