CuentosAugust 16, 2015 0

La Xenofobia del Pobre

Él estaba tan hambriento que apenas podía pensar. Sentía su cabeza atrapada en un tornillo de banco… y a su lado se sentó una mujer. Era joven, parecía asiática, ¿extranjera?, vestida de trópico y con espejuelos. Llevaba consigo una bolsa por cuya boca se asomaban tres flautas de pan. La chica le pareció muy saludable, pero cuando bajó la mirada hasta la jaba quedó hipnotizado. Era pan  recién horneado. La cascara crujiente y la masa suave como la gloria. El aroma capaz de atravesar un muro. Sintió un golpe en el pecho: el corazón trataba de quebrarle las costillas. Sus entrañas hacían contorsiones y lanzaban quejidos. Trató de contenerse. Estrechó la mochila contra el abdomen. Apretó la boca (a estas alturas inundada de saliva) hasta que le dolieron las muelas. Estaba tan contraído, que empezó a temblar compulsivamente de pies a cabeza; todo su cuerpo era una acrobacia. Entonces se decidió.