CuentosAugust 14, 2018

Sonia

Sentía que me ahogaba. Frotaba su sexo contra mi cara con desorbitada pasión. A penas podía trabajarlo con la lengua, pues a cada movimiento se me escapaba el blanco. Por otra parte, ella no parecía necesitarlo ya. Así estuvimos un rato. Finalmente se vino y sentí como caía en el descanso.
– ¿Te gustó? – pregunté inseguro.
– Sí, claro. – Algo en su voz me dejó insatisfecho de la respuesta.